Somalilandia (viaje en solitario)

Viaje en solitario a Somalilandia: visas, vuelos, precios de tours, Hargeisa, Dhagax Kure, gastronomía y mi experiencia como mujer que viajó sola.

AFRICA

Anica Kolic

9 min leer

Somalilandia es uno de esos lugares de los que se sabe poco y que se visitan aún menos. Cuando le conté a la gente adónde iba, la mayoría me preguntó dónde quedaba. Al mencionar Somalia, se preocupaban y me hacían cien preguntas sobre qué tan seguro era... No puedo darle a nadie una respuesta exacta, ya que todos los sitios web de recomendaciones de viaje que consulté advierten que no se debe viajar a Somalia, y algunos señalan que a Somalilandia solo se debería ir si es estrictamente necesario. Por eso quiero compartir mis impresiones y la mayor cantidad posible de información práctica para quienes estén considerando visitar este rincón de África.

Ya tengo un “doctorado” en viajes por África, por lo que la idea de ir sola, siendo mujer, no me intimidaba demasiado. Aun así, Somalilandia es un destino particular que requiere algo más de preparación que la mayoría, así que vamos por partes.

Un poco de contexto: ¿qué es exactamente Somalilandia?

Somalilandia se ubica en el norte del Cuerno de África, entre Etiopía, Yibuti y el golfo de Adén. Declaró su independencia de Somalia en 1991, tras la caída del régimen de entonces y años de conflicto. Desde ese momento cuenta con gobierno, ejército, moneda, pasaportes y elecciones propios; sin embargo, la mayor parte del mundo aún no la reconoce oficialmente como Estado, y Somalia la considera parte de su territorio.

En la práctica, esto significa que usted tendrá la sensación de estar en un país independiente, con su propia visa, frontera y normas, mientras que la burocracia (especialmente la de las aerolíneas) podría seguir tratándolo como si viajara a Somalia. Profundizaré en esto más adelante.

Organización y visas

Vuelos. Volé desde Arabia Saudita a Etiopía y luego desde Adís Abeba a Hargeisa. Esos vuelos me costaron alrededor de 250 euros. Posteriormente volé de Somalilandia a Yibuti (eso sí que es una historia aparte), también vía Etiopía. Si prefiere la vía terrestre, también es posible entrar o salir de Somalilandia por la frontera con Etiopía o con Yibuti. En la frontera todo fue rápido y sin inconvenientes. Tenga en cuenta que la visa no se puede pagar con tarjeta.

Visas. Aquí el asunto se complica un poco, así que preste atención:

  • La visa de Somalilandia se obtiene a la llegada y a mí me costó 61 USD. Para tramitarla se necesita una carta de invitación.

  • La visa electrónica de Somalia se paga por adelantado. A mí me costó 67 USD + 25 USD.

A Somalilandia le resultó completamente indiferente si yo tenía o no la visa somalí. No obstante, dado que Somalia considera a Somalilandia parte de su territorio, ha instruido a las aerolíneas para que verifiquen, antes del embarque, que cada pasajero cuente también con la visa electrónica somalí.

Lo comprobé en carne propia. Al momento de embarcar, expliqué que viajaba únicamente a Somalilandia, que obtendría la visa a la llegada y que contaba con una carta de invitación. No resultó. Me indicaron que sin la visa somalí no podía abordar. Por otro lado, una persona me comentó que en su vuelo logró pasar sin ella. Correr o no el riesgo es decisión suya, pero mi recomendación es la siguiente: si viaja en avión, considere el costo de ambas visas y ahórrese el estrés en el aeropuerto.

Carta de invitación y agencia. Gestioné las cartas de invitación para ambos países con la ayuda de la agencia Macrobia Expeditions, con la cual también realicé una excursión de un día. Resolvieron todo con rapidez y sin complicaciones, y el vehículo era un 4x4, algo muy útil en los caminos de la zona.

No es necesario reservar tours para cada día de la estadía. A muchos lugares se puede llegar por cuenta propia; por eso contraté solo un día con la agencia y dediqué el resto del tiempo a recorrer de manera independiente.

Tours y precios

Comparé precios en varias agencias. Por lo general parten en alrededor de 250 USD por un día y medio, sin incluir alojamiento ni comidas. Es un precio estándar para África, nada sorprendente, pero conviene saber de antemano que este no es un destino económico si se depende exclusivamente de excursiones organizadas.

Los tours suelen incluir Laas Geel y Berbera. Sin embargo, considere que el acceso a algunos lugares puede estar restringido temporalmente, tal como ocurrió durante mi visita. No me enteré sino hasta llegar, por lo que le recomiendo consultar con la agencia la situación vigente justo antes del viaje, y no solo al momento de reservar.

Hargeisa

La capital es vibrante y bulliciosa. Sus calles están llenas de autos, vendedores ambulantes, animales que deambulan y personas que pasean. Gran parte de la ciudad fue reconstruida después de la guerra, aunque en algunos sectores aún se aprecian las huellas del pasado.

El memorial de guerra. Una de mis primeras paradas fue el memorial de guerra en el centro de la ciudad, un recordatorio de la devastación que sufrió Hargeisa a fines de los años ochenta. Allí conocí también al Dr. Nakruum, del Ministerio de Salud, quien me contó algo sobre su sistema sanitario. Este tipo de conversaciones espontáneas es, por cierto, algo completamente habitual en este lugar. A la gente le gusta acercarle a uno su cultura.

El mercado de divisas. Es algo que hay que ver. El dinero en efectivo se cambia en gruesos fajos en plena calle, y los cambistas se sientan detrás de verdaderos muros de billetes como si fuera lo más normal del mundo. La moneda local tiene un valor muy bajo, por lo que incluso montos pequeños forman enormes pilas de papel.

Lo paradójico es que casi nadie utiliza esas pilas para los pagos cotidianos. El dinero móvil está tan extendido que con él se paga gran parte de las compras. Como turista, sin embargo, lo más probable es que pague en efectivo, principalmente en dólares.

El mercado de ganado. Fue uno de los escenarios más impactantes de todo el viaje. Cientos de camellos, ovejas y cabras, comerciantes regateando, polvo y ruido. Todo ello recuerda que la ganadería es el pilar de la economía local. Las ovejas que se ven allí son principalmente de la raza somalí de cabeza negra, una raza local típica que se reconoce fácilmente por su cuerpo blanco y su cabeza completamente negra.

Qué más visitar en Hargeisa

Si dispone de uno o dos días adicionales, Hargeisa ofrece algunos lugares más que vale la pena incluir en el itinerario:

  • El mercado central: Un laberinto de puestos donde se vende de todo, desde especias, incienso y telas hasta artículos electrónicos. Es el lugar ideal para percibir el ritmo cotidiano de la ciudad. Resulta especialmente interesante la sección de orfebres, donde se vende joyería tradicional somalí.

  • La Gran Mezquita (Jaamaca Weyn): Una de las construcciones más conocidas del centro de la ciudad. Si desea ingresar, vista de manera recatada; las mujeres deben llevar un pañuelo para cubrirse la cabeza. Lo más adecuado es preguntar antes si se permiten visitas.

  • Hargeisa Cultural Centre: Un centro cultural con biblioteca, exposiciones y diversas actividades, ideal para quienes deseen conocer más sobre la literatura, la poesía y la historia somalíes. Allí se celebra además la Feria Internacional del Libro de Hargeisa, uno de los eventos culturales más importantes de la región.

  • Naasa Hablood: Dos cerros casi idénticos ubicados cerca de la ciudad, uno de los paisajes más reconocibles de los alrededores de Hargeisa. Desde ellos se obtiene una hermosa vista del entorno, y los habitantes locales explican con gusto, y con una sonrisa, el origen de su nombre.

  • Cafés y casas de té: No se trata de un atractivo en el sentido clásico, pero sentarse con una taza de té tradicional o de leche de camella y observar la vida a su alrededor es una de las mejores maneras de conocer la ciudad y a su gente.

Dhagax Kure

A las afueras de la ciudad se encuentra Dhagax Kure, un sitio que muchos omiten, aunque no deberían. Se trata de un conjunto de rocas de granito que albergan pinturas neolíticas de ganado con miles de años de antigüedad. El paisaje es surrealista: enormes bloques de piedra parecen equilibrarse unos sobre otros, como si una ráfaga de viento pudiera derribarlos, aunque eso no ocurrirá (o eso espero, jeje).

El sitio de arte rupestre más conocido y visitado es Laas Geel; sin embargo, durante mi estadía el acceso a la zona estuvo prohibido por un mes. Escuché dos versiones distintas sobre las razones, por lo que no puedo afirmar cuál es la correcta. Si planea visitarlo, infórmese sobre la situación vigente antes de partir. Y si Laas Geel está cerrado, Dhagax Kure es una excelente alternativa; con toda sinceridad, me encantó precisamente porque estuvimos prácticamente solos. El camino es en su mayoría excelente, pero los últimos 20 a 30 minutos de trayecto pueden resultar muy agotadores (el llamado “masaje africano”, jeje). Si es propensa o propenso al mareo, lleve las pastillas que le haya recomendado su profesional de la salud antes del viaje.

En el camino pasamos junto a viviendas rurales cubiertas con capas de telas coloridas y, entre áloes y acacias, me encontré con una tortuga, un dik-dik (un diminuto antílope que parece salido de un dibujo animado), aves preciosas y algunos otros animales.

Gastronomía

La cocina de Somalilandia es sencilla, contundente y sabrosa. Las comidas suelen acompañarse con laxoox, un pan somalí fermentado similar a un panqueque, suave y ligeramente ácido.

Lo que probé:

  • Hígado de camello, que resultó sorprendentemente bueno

  • Beer, hígado salteado con cebolla y pimentón

  • Digir, un guiso de porotos que se consume al desayuno

  • Cordero asado a fuego lento, tan tierno que se deshace

Los precios de las comidas oscilan generalmente entre 2 y 10 USD, por lo que se come bien y a bajo costo. ¡Y no deje de probar su té tradicional! Es dulce y especiado, se bebe a cualquier hora del día y ofrecerlo es casi una cuestión de cortesía.

La gente

Lo que guardo con mayor cariño en la memoria es a la gente. Me da la impresión de que aquí se sonríe mucho, y las personas fueron sumamente atentas, curiosas y abiertas. En ningún momento me sentí perdida ni insegura... Todos saludan o simplemente quieren conversar.

Las mujeres usan con frecuencia el nicab, y decorar las manos con henna forma parte de la vida cotidiana, no solo de las ocasiones especiales. Como mujer que viaja sola, recomiendo vestir de manera recatada: mangas largas, faldas largas o pantalones y un pañuelo para la cabeza. No se trata solo de una norma, sino de una muestra de respeto, y la gente lo nota y lo valora. En varias ocasiones recibí cumplidos por mi vestimenta.

Un episodio me mostró también la otra cara de la atención de la gente. En un momento me encontré en una celebración sin saber de qué se trataba (más tarde me enteré de que celebraban que Trump supuestamente los había llamado “el país de Somalilandia”) y, en cuestión de minutos, me convertí en la persona a la que todos grababan. No es precisamente el mejor escenario, ya que alguien publicó luego un video en redes sociales que se hizo viral, acompañado de la falsa afirmación de que yo era una periodista de Isr@el. Eso pudo haberme causado bastantes problemas, y ahora puedo olvidarme de viajar al resto de Somalia 🥲. Le pedí a la persona que publicó el video que lo eliminara, pero se negó. Solo borró la parte en la que se afirmaba que yo era periodista, pero para entonces el video ya contaba con cientos de miles de reproducciones.

¿La lección? Como extranjera, aquí llamará la atención, en su mayoría de manera bienintencionada. Sin embargo, tenga presente que los videos se difunden con rapidez y que cualquiera puede inventar un contexto con facilidad. Sea cuidadosa con los lugares en que se deja ver y, si alguien la graba, pídale amablemente que no lo publique, aunque no existe garantía de que acceda; dudo que allí las leyes de privacidad sean tan estrictas como en Europa.

Otra cosa que me agradó de la gente es que en ningún momento sentí que me vieran como una billetera con piernas. Salvo un par de niños, nadie me pidió dinero. También conocí a algunos habitantes locales que me invitaron a comer y a beber e insistieron en pagar, subrayando que era parte de su hospitalidad (aun así, en ocasiones pagué yo, porque me incomodaba que siempre lo hicieran ellos). Una joven incluso me llevó donde una amiga para que me hicieran henna sin costo. En una próxima publicación les contaré algunos aspectos interesantes que aprendí sobre sus vidas.

Consejos prácticos en resumen

  • Visas: Considere ambas, la de Somalilandia (a la llegada, 61 USD) y la visa electrónica de Somalia (por adelantado), si viaja en avión.

  • Carta de invitación: Gestiónela a través de una agencia local antes del viaje. Recomiendo Macrobia Expeditions.

  • Dinero: Lleve efectivo en dólares; las tarjetas no le servirán de mucho.

  • Tours: Uno o dos días con una agencia son suficientes; el resto puede recorrerlo por su cuenta.

  • Lugares cerrados: Verifique el estado de Laas Geel y de otros sitios poco antes de partir.

  • Vestimenta: Recatada y que cubra el cuerpo, especialmente en el caso de las mujeres.

  • Fotografías y grabaciones: Pida permiso antes de fotografiar a las personas y tenga cuidado con quién la graba a usted.

Conclusión

Somalilandia no es un destino para todo el mundo, y la burocracia de las visas puede resultar agotadora. No obstante, para quienes se interesan por lugares poco conocidos, por las personas reales y por la vida cotidiana fuera de las rutas turísticas habituales, es una experiencia inolvidable.

Si tiene preguntas sobre visas, organización o seguridad, ¡no dude en consultarme!

Instagram: @aniwithlui

Suscribete
Conecta